Capítulo 23. Los relámpagos siguen haciendo de las suyas.
El estómago de Lorenzo gruñó por falta de comida, pero él prefería pasar hambre que levantarse de la cama porque Bianca seguía acurrucada en sus brazos. La ternura lo invadió y sin poderse contener le dio un suave beso en la frente que conmovió a la somnolienta chica.
La tormenta se alejó poco a poco, pero Bianca no quería salir de los brazos de Lorenzo, allí se sentía cómoda, segura y protegido y el olor a jabón combinada con la esencia masculina la hacían desear fundirse en sus brazos. El sue