Entre los dos hombres que la confundían y la amenaza latente de su madre por obligarla a casarse con un desconocido, Mía se mantuvo oculta al menos tres días en la seguridad de su dormitorio. Ahí ninguno de ellos podía entrar, pues le había pedido expresamente a Cassandra que les impidiera la entrada, y en cuanto a su madre; la mujer le había llenado el celular de llamadas perdidas. Terminó por bloquearla, pero sabía que eso solo sería una contención momentánea.
Mía no podía dejar de pensar en