Leonid despertó desconcertado, vio que estaba en una cueva acostado en el suelo y tenía cataplasmas herbales en varias partes del cuerpo.
Aisha estaba junto a él, pero no lo miraba, estaba concentrada en unas hierbas junto al fuego.
—Debes tener hambre —susurró sin mirarlo.
—La verdad sí.
—Tienes dos días durmiendo.
— ¡¿Qué?! ¿Cómo es posible? Me he ausentado dos días de mi trabajo, debe haber gente preocupada por mí.
Aisha volteó a mirarlo y una vez más Leonid sintió el go