Capítulo 17
Caio la cargó por los pasillos de la mansión con pasos apresurados, sus labios nunca abandonando el cuello de ella, marcando su piel con besos y suaves mordiscos que hacían temblar a Rosie entre sus brazos.
Ella aún respiraba agitada, el cuerpo laxo por la primera ola de placer, pero ya sentía el deseo regresar, más fuerte y urgente.
La puerta del dormitorio de él se abrió con un empujón brusco y, en segundos, la espalda de Rosie encontró el colchón suave. Caio se colocó sobre ella,