Capítulo 11
Ella tenía que alejarse. Por un momento, simplemente ya no podía quedarse allí. El aire parecía demasiado denso, el calor quemaba bajo la piel y cada segundo la hacía más consciente de lo que acababa de ver. Salió de la habitación, cerró la puerta tras de sí y se apoyó en ella, intentando controlar la respiración acelerada.
Inspiró hondo, una, dos veces… pero el corazón seguía desbocado.
Fue entonces cuando Caio apareció en el pasillo, con expresión curiosa.
— ¿Estás bien? —preguntó