Mundo de ficçãoIniciar sessãoVictoria sintió el roce de la mano de Mateo en su brazo y, por un instante, el pasado pesó más que el presente. Durante años había soñado con que él la mirara así. Ignoró la mirada gélida de Daniel, que seguía fija en ella, y asintió.
—Unos tragos no me vendrían mal —sentenció ella, dándole la espalda a su jefe. Daniel no se movió. Se quedó inmóvil, con las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo, observando con una calma aterradora cómo Victoria subía al deportivo plateado de Mateo. Julián, a su lado, carraspeó suavemente al ver que el auto arrancaba. —¿Quiere que los siga, señor? —preguntó Julián, conociendo el temperamento de su jefe. Daniel apretó la mandíbula, pero negó con la cabeza mientras se dirigía a su propio vehículo. —No. No voy a perseguir a una empleada que no sabe elegir sus compañías. Si ella prefiere la basura de Villalba, es su problema. Mañana a primera hora se dará cuenta de que el mundo real no es un bar de copas. El bar era un refugio de luces tenues y música lounge, un contraste perfecto con la rigidez de Obsidian Global. Victoria y Mateo compartieron risas y anécdotas de la universidad, pero la curiosidad de ella terminó por romper la burbuja. —Mateo… ¿conoces a Daniel Meléndez? —preguntó ella, observando cómo él movía el hielo de su vaso. Mateo dio un trago largo antes de responder, con una naturalidad fingida. —Nuestras madres son buenas amigas, nada más. Cuestiones de etiqueta en Valemont —hizo una pausa, entornando los ojos hacia ella—. Pero dime tú… ¿cómo es que siendo una Rivera has terminado aceptando órdenes de un tipo así? Un apellido como el tuyo… Mateo se detuvo en seco, midiendo el terreno. Victoria lo instó con la mirada a continuar, pero él simplemente sacudió la cabeza con una sonrisa enigmática. —Nada, olvídalo. Solo me sorprende tu resiliencia, Vic. Antes de que ella pudiera replicar, una voz familiar y alegre interrumpió la tensión. —¡Vic! ¡Mateo! Qué pequeño es el mundo. Era Estefany, que se acercó con una copa en la mano y una chispa de travesura en los ojos. Mateo se puso de pie de inmediato, consultando su teléfono. —Disculpen, señoritas. Debo atender una llamada de la constructora. No me tardo. En cuanto Mateo se alejó, la expresión de Estefany cambió. Se sentó junto a Victoria y, con un gesto rápido, le extendió su teléfono. —Vic, tienes que ver esto. Es la solución a tus problemas. Victoria tomó el dispositivo y leyó el anuncio. Era un portal exclusivo de "encuentros discretos". El anuncio era directo: una suma exorbitante de dinero, suficiente para cubrir tres meses de intereses de la deuda de su padre, a cambio de una sola noche con un cliente anónimo. —Estefany, no me voy a acostar con un hombre que no conozco —replicó Victoria, devolviendo el teléfono con un gesto de asco—. No soy una mercancía. Estefany suspiró, tomando a su amiga de las manos. —Lo sé, Vic. Sé que suena horrible. Pero piénsalo… con esto pagarías gran parte de las deudas de Gael. Tendrías un respiro para juntar lo demás sin que el banco te respire en la nuca. Es solo una noche por la libertad de tu padre. Victoria miró hacia donde estaba Mateo, hablando por teléfono con intensidad, y luego recordó la mirada dominante de Daniel en la oficina. Se sentía acorralada entre un pasado que la ignoró y un presente que quería devorarla. La idea de "venderse" le revolvía el estómago, pero la imagen de su padre perdiendo su hogar era mucho peor. Lo que Victoria no sabía era que esa oferta en la red no era casualidad. En el mundo de los poderosos, nada lo era.






