La oficina quedó sumida en un silencio tan espeso que resultaba casi asfixiante. Lex y Julián intercambiaron una mirada breve, cargada de una tensión que no requería palabras.
Algo iba mal. Verdaderamente mal.
—¿De qué estás hablando, Victoria? —inquirió Daniel, rompiendo la quietud con su habitual tono pausado.
Victoria no se molestó en responder con palabras. Con un gesto rígido y desprovisto de toda paciencia, se limitó a señalar el esparcido contenido del sobre sobre la madera pulida.