La tenue luz plateada de la luna lograba colarse apenas por las ventanas rotas del techo alto, dibujando líneas delgadas y sombras deformes que se retorcían entre las estructuras metálicas del almacén. La oscuridad total duró solo un pestañeo.
Y entonces, comenzaron los disparos.
El sonido ensordecedor de las detonaciones rebotó violentamente contra las desnudas paredes de concreto, multiplicando el estruendo hasta volverlo insoportable. Isabel soltó un grito desgarrador que se ahogó entre el