Julián, que seguía en un rincón de la estancia revisando la última carpeta, levantó la vista y observó la dinámica. No se escandalizó; conocía a Daniel mejor que nadie. Sabía que detrás de ese impecable traje azul profundo y la máscara de hierro, latía un hombre joven que había cargado con el peso de un imperio desde que su padre murió. Daniel era un estratega letal, sí, pero también era un hombre que no sabía, ni quería, negar sus impulsos cuando encontraba algo que realmente deseaba.
Entend