Mundo de ficçãoIniciar sessãoGABRIEL SILVA
—No mi niña, no lo amas… solo estás encaprichada —insistió Romina—. Anda, vamos a casa… Dame la mano —pidió con gentileza y el rostro cargado de miedo, pero Isabella se aferró con más fuerza a mí.
—Romina, no soy el hombre que crees… ya no… —intervine sin saber muy bien cómo convencerla de que cuidaría de mi familia y que mis sentimientos por Isabella eran sinceros. 







