ISABELLA RODRÍGUEZ
—¡Papi! ¡Mami! —exclamó Javier una vez que rebasó las puertas de la mansión y salió corriendo hacia nosotros.
Detrás de él, Sebastián llevaba a mi panterita entre sus brazos. Su mirada era de completa decepción.
—No me veas de esa forma… —dije con pesar, tomando a mi pequeña.
—Romina no quiso regresar. Se siente defraudada, y con justa razón —dijo en voz baja—. Dejar que tu «bestia» arreglara las cosas con amenazas y chantajes, fue bajo.
—Fue más rápido, hubiera tardado hor