ISABELLA RODRÍGUEZ
De inmediato salí corriendo mientras mi estómago se encogía y una voz dentro de mi cabeza me gritaba que no lo hiciera, pero mi cuerpo no reaccionaba y seguí hasta la puerta. En ese momento me encontré con María, quien apenas llegaba, arrastrando esa maleta con rueditas que cargaba su material.
Al verla palidecí y ella entendió lo que había hecho. Su mirada desilusionada hizo retorcer mi corazón. La había decepcionado. Me acerqué para abrazarla, más de desesperación que de