GABRIEL SILVA
No iba a permitir que mantuvieran a Isabella encerrada en ese maldito hospital de mierda, negándome verla como si fuera una clase de criminal. Mandé a mis mejores abogados, si era necesario demoler ese lugar, lo haría. No me detendría, ni siquiera ese arrogante «doctorcito».
—¿Gabriel? —Se asomó Valentina por la puerta de mi despacho. Después de lo ocurrido había mandado a la servidumbre a recoger todas las pertenencias de ese par y echarlas a la calle. Habían colmado mi pacienci