ISABELLA RODRÍGUEZ
Cuando Gabriel regresó en la noche, corrí hacia la puerta, preocupada por creerlo herido. Había salido en busca de María y sabía que la zona a la que se dirigía era la misma que Ramírez había estado vigilando, incluso temía que Celeste hubiera inspeccionado el despacho de Gabriel y encontrado de esa forma el sitio.
Mis pasos se clavaron al piso en cuanto lo vi. Parecía estar íntegro, pero su rostro era una mueca de confusión y sus ojos me veían como si fueran los de un niño