Alana.
CARTA.
Escuché los gritos ensordecedores, y los cubiertos cayeron de mis manos cuando estaba cenando completamente sola, en un gran comedor, rodeada por diferentes guardias.
Eran al menos las ocho de la noche, y me inquieté cuando vi correr varios civiles armados al despacho de Akim.
Me levanté de inmediato, y luego sostuve mi muñeca que aún dolía como el infierno. Esta semana había pasado lo peor de mi vida gastando todas las lágrimas que me quedaban en mi sistema.
Estaba de los nerv