Alana.
BESO.
—Alana… —pude sentir cómo su respiración chocó contra mi piel, fue imposible no cerrar los ojos, cuando incluso sentí el calor de su rostro sobre mí, y además…
El hombre olía riquísimo.
—Señor… —levanté los ojos, y me reprendí rápidamente porque mi palabra fue más bien como si estuviera aquí doblegándome a su voluntad. Como si lo estuviera invitando.
Pero qué culpa tenía. Él era solo un imán para mí, y ahora que lo tenía tan cerca, mis pensamientos solo gritaban “bésalo”.
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