Madison.-
Observaba como las olas rompían en la orilla, el mar… infinito.
— ¿Estás bien? –Todd apareció a mi espalda.
— No –sentí sus manos rodeándome–. Si no hubiera aceptado la ayuda de Edgar, Beatrice y ese bebé estarían… yo lo traje a nuestras.
— Tú no lo trajiste, él te encontró y no tienes por qué culparte, Madison.
Sé lo que Todd intentaba, pero la culpa no disminuía todos mis amigos estaban en riesgo por alguien en quien yo confiaba.
Yo insistí en volver a Miami, de no haberlo hech