ISABELLE
«No... no», grité en mi interior.
¿Qué hacía Andrew en el edificio de Montero, con Jake?
Sus palabras cortaban el aire, afiladas y posesivas. «Oh, ahora él te protege». Su voz rezumaba burla y sentí un escalofrío recorriendo mi piel.
«No, Andrew, tengo que trabajar y no tengo nada que decirte sobre nosotros», dije, obligando a mi voz a mantenerse firme.
«No hay nada que se llame nosotros», dije.
Mis manos temblaban ligeramente, pero las apreté con fuerza, negándome a dejar que él vi