ISABELLE
Abrí los ojos y enseguida sentí náuseas.
Se me revolvió el estómago e instintivamente me agarré a las sábanas, como si de alguna manera pudieran mantenerme estable.
«¿Qué demonios?», pensé, apretando los ojos con fuerza.
Mi mente se apresuró a buscar la causa...
¿Comida en mal estado? ¿Un olor extraño? No conseguía identificarlo.
Cuando me sentí un poco mejor, me di la vuelta en la cama, gimiendo mientras hundía la cara en la almohada.
Andrew no me había vuelto a escribir después d