ISABELLE
«Mierda», maldije entre dientes, con voz apenas audible mientras me acercaba a la puerta.
Me habían pillado.
No servía de nada intentar huir.
Apreté los puños mientras espiaba por el pequeño espacio que había quedado abierto.
Mi cerebro esperaba en silencio que me regañara por espiar.
«Katherine me dijo que estabas en casa, así que quería saber si había algún problema», dije, tartamudeando.
No me molesté en mirarle a la cara, sino que fijé la vista en la estantería de archivos que ha