ISABELLE
«Mierda», maldije entre dientes, con voz apenas audible mientras me acercaba a la puerta.
Me habían pillado.
No servía de nada intentar huir.
Apreté los puños mientras espiaba por el pequeño espacio que había quedado abierto.
Mi cerebro esperaba en silencio que me regañara por espiar.
«Katherine me dijo que estabas en casa, así que quería saber si había algún problema», dije, tartamudeando.
No me molesté en mirarle a la cara, sino que fijé la vista en la estantería de archivos que había justo al lado de la puerta.
«Y quizá para recordarte que tienes una reunión en 30 minutos», añadí, mirando mi teléfono para comprobar la hora.
«En exactamente treinta minutos», confirmé después de comprobar la hora.
Él no dijo nada, y cuando reuní el valor para mirarle a los ojos, mi mirada se cruzó con la de Cody.
Era la segunda vez que le veía.
Sus ojos se clavaron en los míos y, por un momento, sentí como si pudiera ver a través de mí.
«Tienes mejor aspecto que ayer», dijo con un tono su