ISABELLE
Me desperté con el sonido de la lluvia golpeando contra mi ventana, con el cuerpo aún caliente por la fiebre persistente.
El dolor en las sienes me latía con fuerza mientras me incorporaba y apartaba las sábanas enredadas.
Necesitaba comer algo, cualquier cosa, para recuperar el equilibrio.
Mientras caminaba hacia la cocina, el recuerdo de las palabras de Andrew de ese mismo día pasó por mi mente.
«Nunca podrás huir de mí. Pronto lo descubrirás». Su voz, suave y burlona, me produjo