JAKE
«Isabelle... Isabelle», le dije mientras la sostenía en mis brazos.
Su cuerpo se sentía pesado en mis manos, con su sangre empapando mi camisa, cálida contra mi piel.
Su rostro ya estaba pálido y su respiración comenzaba a ser superficial...
Se veía tan frágil y verla luchar por mantenerse con vida me provocó pánico.
No podía perderla... no cuando habíamos llegado tan lejos.
Caminé hacia el coche, con las manos temblorosas mientras buscaba a tientas la manilla de la puerta.
«Quédate conmigo, Isabelle. Por favor, quédate conmigo», le susurré, con una voz apenas audible.
Pero ella no respondía.
Solo emitía suaves gemidos y respiraba superficialmente.
La acosté con cuidado en el asiento del copiloto, con la herida aún sangrando, y corrí al asiento del conductor, arrancando el coche inmediatamente.
El hospital más cercano estaba a unos cinco minutos y esos cinco minutos me parecieron una eternidad.
Pasé esos cinco minutos rezando y esperando que aguantara hasta que llegáramos al