Inicio / Romance / Una Diva en XL / Capítulo 2 Galán misterioso
Capítulo 2 Galán misterioso

POV Selena

Apenas puedo creer mi suerte. ¡Esa mujer me contrató! Algo que creía imposible, sucedió. Nota mental: debo prohibirle a mi traicionera mente que me subestime; yo puedo lograr eso y mucho más.

Condejo: ¡Ustedes tampoco permitan que su mente las traicione, jamás!

Aunque Enzo me haya dicho una y mil veces que no podía hacer nada sin él. Que con quedarme en casa y criar a nuestro hijo estaba más que bien. Recuerdo las veces que agaché la cabeza, asintiendo, y juro que me dan ganas de darme un par de bofetadas. ¿En qué estaba pensando? ¿Cómo dejé que eso pasara?

Estaciono mi auto y suspiro mientras miro el lugar adonde me acabo de mudar. No es ni la mitad del sitio en el que vivía, pero bueno, así son las cosas. Mi exesposo hizo todo tan "bien", que prácticamente me fui con lo puesto.

Apenas entro, mi hijo viene con cara de pocos amigos.

—¿Por qué tardaste tanto? —reprocha—. Tengo hambre. Y no me gusta lo que cocina la abuela María.

La abuela, es mi madre. La amo, pero es mi tormento desde que tengo uso de razón. Veo que sale de la cocina secándose las manos.

—No puedo creer que te hayas ausentado por tanto tiempo, María Selena —me dice—. ¡El niño se muere de hambre!

Entorno los ojos, cuento hasta diez y me muerdo la lengua.

—Paciencia... paciencia —murmuro.

—¿Qué? —replica enojada—. Ya sabes que no me gusta que hables por lo bajo. ¿La estás escuchando a tu hija, Henry? —grita.

Mi padre, que está en la sala mirando el noticiero sin prestar la menor atención, apenas se gira.

—Hola, mi amor —me saluda sonriendo—. ¿Cómo te fue?

Adoro a ese hombre. Además de ser mi padre, es mi mejor amigo. Nunca he visto un rastro de decepción ni reproche en sus ojos. Ni siquiera cuando quedé embarazada, abandoné mis estudios y me casé.

Mientras mi mamá me persigue con una cuchara en la mano y mi hijo me sigue con reclamos, yo voy hasta donde está él. Respiro hondo.

—Quiero que me escuchen todos —digo con firmeza—. Así que necesito silencio.

Tanto mi madre como mi hijo —que ya conoce ese tono tan mío— se sientan sin emitir palabra.

—El divorcio está firmado. Y conseguí trabajo —sonrío y miro a mi madre—. Así que las cosas van a cambiar.

Mi padre sonríe, mi hijo me mira con los ojos abiertos como platos y mi madre, obviamente, protesta.

—Pero ¿y el niño? ¿Lo vas a dejar solo?

Ahí vamos otra vez.

—Irá al colegio y, cuando llegue a casa, estará Gina —miro la hora—. Es más, ya debe de estar por llegar, porque esta noche tengo que salir.

—¡Pero! —protesta ella—. ¿Cómo vas a dejar a mi nieto con la empleada? ¿Y qué es eso de que vas a salir?

—María... —musita mi padre.

—¡Está bien! —dice Luca, encogiéndose de hombros—. Me agrada Gina, es muy buena conmigo. ¡Te felicito, mamá! Me alegro por ti.

Le acaricio el rostro con suavidad y sonrío. Pero mi madre, como digna ama de casa que fue toda su vida, manifiesta su desacuerdo de la peor manera.

—No estoy de acuerdo... si Enzo, llega a saber esto...

Cierro mis ojos y tenso la mandíbula. Para cuando los abro, veo que mi padre se ha llevado a Luca al jardín. Aprovecho ese momento para empezar a ubicar a las personas que parece que han perdido su GPS emocional.

—Mira, madre, te diré esto una sola vez —le respondo con tanta tranquilidad que hasta yo me asombro—. Tengo treinta y cinco años, soy una mujer libre y, de ahora en más, haré lo que se me dé la gana. No pienso pedir permiso, ni a ti ni a nadie —tomo mis cosas para ir a mi habitación, pero antes de subir la escalera me giro—. Ah, y no me nombres nunca más a ese pedazo de mierd@ de Enzo —exijo—, que lo único bueno que me ha dado, es a mi hijo.

No escucho si me responde; creo que todavía está buscando el maxilar inferior que se le cayó al abrir tanto la boca. Toda mi vida hice silencio. Ya no.

Mientras me arreglo para salir, escucho a mi madre dando instrucciones a Gina; niego con la cabeza sonriendo. Ella necesita estar controlando a alguien para ser feliz.

Me miro al espejo con mi hermoso vestido rojo y un escote pronunciado. Juro que no me importa que se me ajuste al cuerpo y muestre mis rollitos. ¡Al diablo con todo! Me cansé de las dietas y los ejercicios. Esta soy yo; al que le guste, bien, y al que no, también.

Me pongo las sandalias del mismo color y bajo. Todos me miran como si estuvieran viéndome por primera vez.

—¿Vas a salir así? —dice con censura mi progenitora, para sorpresa de nadie—. ¡Henry! ¿Estás viendo cómo sale tu hija?

Él se acerca sonriendo y me da un beso en la mejilla.

—Estás hermosa, hija. Que te diviertas.

Mi hijo me dice lo mismo. Los hombres de mi vida son una bendición para mí.

—Ese trapito no deja lugar a la imaginación con su cuerpo no debería usar eso—protesta mi madre mientras voy saliendo de la casa.

Apenas llego al bar, veo a Laura esperando en la entrada. Otra a la que se le cae la mandíbula cuando me ve.

—¿Qué pasa? —digo—. ¿Tengo algo raro?

—No. Es que nunca te vi así... Estás muy llamativa, amiga. Tené cuidado, porque los buitres se te van a tirar encima.

Suelto una carcajada. Lo que menos quiero es a tipos molestándome. Yo solo vine a divertirme. Y lo hago, como diría la canción: un mojito... dos mojitos...

Mientras tomo, me doy cuenta de que en un VIP hay un tipo recostado en el sillón junto a otros hombres y mujeres que parecen modelos. Me tomo otro trago porque su mirada penetrante me pone nerviosa. No creo que me mire a mí, pero, increíblemente, nuestras miradas se encuentran en varias ocasiones. Mi mente me dice que no puede ser que se fije en mí teniendo a esa rubia despampanante casi encima de él.

Pero por las dudas, voy a tratar de no mirarlo. Es mejor así, no quiero quedar como una ridícula desesperada.

Mi respiración se acelera, pero no por el galán misterioso, sino porque veo a mi ex con su novia en una de las mesas. Y él también me ve. Su cara me demuestra que está furioso.

Me vale mierd@ lo que Enzo piense. Pido otro trago y, apenas me lo traen, me lo tomo.

—Te estás pasando, Sele... no deberías tomar tanto —me advierte Laura—. Tené cuidado.

—Ese... está aquí con su zorra —espeto—. Le di diez años de mi vida a esa basura. Voy a tomar hasta olvidarme de que ese cerdo alguna vez me tocó.

Para cuando me quiero dar cuenta, estoy bailando en la barra. Laura, en lugar de bajarme, me arenga desde abajo junto con otros hombres que gritan entusiasmados mientras suena un tema de Tini—creo—, de esos que me desinhiben por completo. Me muevo de manera sensual, acariciándome con suavidad el cuerpo, y de manera inconsciente miro hacia el VIP.

Ahí está, mi hombre oscuro y misterioso, mirándome con una sonrisa diabólica que me hace estremecer hasta el último cabello. Eso me enciende más aún y sigo moviéndome. Hasta que siento que alguien me tironea de la pierna y casi me hace trastabillar.

—¡Bajate de ahí, Selena! —me grita Enzo, furioso—. ¡Estás haciendo el ridículo!

Yo lucho por no bajar, pero mi estado no es el mejor.

—¡Dejame en paz! —grito.

—¡No! —responde Enzo, forzándome a bajar.

Caigo al suelo. Entonces, veo una silueta enorme que se acerca con rapidez y le propina un puñetazo a Enzo.

—¡Que la sueltes te dijo! —escucho una voz grave que sale en mi defensa.

Sonrío al verlo mejor. Es mi galán misterioso.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP