Capítulo 66 —El Rastro de la Mentira
El hotel se sentía como una jaula de cristal para Enrico Conti. El silencio de su suite de lujo era interrumpido únicamente por el zumbido eléctrico de su propia ansiedad. Caminaba de un extremo a otro, con la camisa desabrochada y la corbata colgando como una soga olvidada. En su mano, el teléfono era un arma cargada que no dejaba de disparar contra el vacío.
Había marcado su número quince veces. Quince veces en las que el tono de llamada se cortaba, lanzán