Capítulo 104 —Las Esposas de Diamante
La oscuridad de la cabaña parecía haberse vuelto más densa, cargada con el aroma a sal, a deseo y a esa paz violenta que solo ellos dos lograban construir. Alessia estaba recostada sobre el pecho de Enrico, sintiendo el latido rítmico de su corazón, un tambor de guerra que finalmente se había estabilizado. Sus dedos trazaban las marcas que ella misma le había dejado en los hombros, cicatrices nuevas sobre las viejas, un mapa de su entrega.
—Enrico —susurró e