—¿Su esposo? —repitió envarándose como una cobra y enfrentándose a David—. No me hagas reír. Ella jamás se casaría con alguien que no sea yo.
—Estás muy equivocado —replicó David, acercándose a Harvey de manera intimidante, con el rostro enrojecido por la ira—. Si no escuché mal, Jenna acaba de dejarte claro que no quiere saber nada de ti. Ella es mi esposa y no voy a permitir que quieras sobrepasarte con ella. ¡Vete ya mismo, si no quieres que llame a seguridad! —vociferó.
—No pienso irme hast