Cherry Wilson estaba parada en la entrada de la villa, bajo la tenue luz de las farolas. Su silueta se recortaba contra las sombras, y era imposible ignorar el contraste con la mujer altiva y dominante que Logan y Rachel conocían. Aquella parecía estar a punto de desmoronarse. Estaba visiblemente abatida, con los hombros caídos, el semblante sombrío y la espalda encorvada. Sus ojos, antes cargados de arrogancia y desdén, ahora mostraban miedo y, sobre todo, culpa.
Cuando Logan finalmente abrió