Cherry tragó saliva con dificultad, el peso de la culpa no hacía más que aumentar, y asintió lentamente, con las lágrimas acumulándose en sus ojos.
—Sí, así es: dudé —admitió, bajando la mirada hacia sus manos—. Lamentablemente, me enamoré de ese infeliz. Él siempre logró controlar lo que pensaba y, sobre todo, lo que yo hacía. Mi corazón me pedía que no lo traicionara, pero mi mente…, mi conciencia… —Soltó un largo y profundo suspiro, como si hubiera contenido el aliento por mucho tiempo—. Ya