Al día siguiente, Jenna notó que David lucía extremadamente cansado. Sus ojos estaban inyectados en sangre y grandes y oscuras ojeras adornaban su rostro.
Aunque Jenna no se atrevió a preguntar nada, no pudo evitar sorprenderse al ver que él no salía de su despacho en todo el día, ni siquiera para cenar; y que a Madison parecía no preocuparle demasiado la ausencia de su esposo en la mesa, ocupada como siempre en sus propios asuntos.
Pensando en que esto no era nada normal, después de la cena, J