Al salir de la oficina de Logan, Rachel lo hizo con el corazón latiéndole desbocado y una sensación de soledad y desamparo que la envolvía como una densa niebla.
El aire fresco del exterior azotó su rostro al cruzar el umbral y la obligó a arrebujarse en su abrigo, pero no logró apaciguar la tormenta que la sacudía internamente.
Rápidamente, caminó hacia el coche y le pidió al chofer de Logan que la llevara hacia la mansión, intentando alejarse lo máximo posible del caos. Aun cuando sabía que no