Rachel sintió un fuerte nudo atorarse en su garganta al ver que su madre no la había reconocido, e intentó sonreír.
—Mamá, soy yo… tu hija, Rachel —repuso con suavidad, observando cómo la expresión de su madre pasaba de la confusión a la total sorpresa.
—¿Rachel? —preguntó Moira, incrédula, mientras se llevaba una mano a la boca—. Pero… ¿qué te ha pasado? ¡Estás muy cambiada!
Rachel había esperado que el cambio en su apariencia causara un impacto, pero su madre tan desconcertada la hizo darse c