La noche ya había caído cuando Logan detuvo el coche frente a su lujosa mansión y le tendió la mano a Rachel, quien se bajó sintiendo una mezcla de nervios y genuina curiosidad.
Logan, sin decir nada, comenzó a andar hacia las grandes escalinatas de mármol blanco, seguido por Rachel, quien intentaba asimilar todo lo que había pasado en los últimos días, en especial, en las últimas veinticuatro horas.
Al cruzar el umbral de la enorme puerta, una elegante mujer los recibió con una amable sonrisa.