Una cosa era que aceptara la propuesta de matrimonio de Leandro. Otra muy distinta que lo hiciera para ya. Es decir, ya, ya, en plena escapada de celebración a nuestro compromiso. Nuestro romance de manera oficial apenas estaba comenzando, y ya, ya, un juez venía al medio de la nada para casarnos.
¿Qué diablos era esto?
Lo más desesperante es que Leandro parece no captarlo.
—No podemos casarnos esta tarde Leandro — le hago entrar en la razón que le falta.
—Aceptaste mi propuesta de matrimonio d