—¡No puedo creer que me tuvieras más de una hora esperando en ese parque para verte besando a esa gata! —le gritó Shirley a James en cuanto lo vio regresar a su casa.
Intentó golpearlo en el pecho presa de los celos, pero él la sostuvo con facilidad. Cuando quiso liberarse, James le dio la vuelta colocándole uno de sus brazos en la espalda y provocándole un dolor intenso.
—¿Qué te dije de atacarme? —pronunció en tono amenazante—. El día que me canses te demostraré que yo no soy Will, conmigo