Si el infierno existía, debía ser algo parecido a aquello.
Por fin había podido visitar a su familia y lo tuvo que hacer acompañada de dos guardias de seguridad.
Todavía podía a recordar a su padre diciéndole: «Te cuida mucho, Kath, ese hombre te ama. Hasta te manda con seguridad para que nada te ocurra».
Tuvo que omitir que la seguridad no era para su protección, era porque así William se aseguraba de que ella no escapara o se le ocurriera correr a los brazos de otros hombres. Pero hasta sa