En la fría y desolada sala de visitas de la cárcel, Alejandro esperaba con impaciencia la llegada de su visitante. Sus pensamientos estaban llenos de planes y estrategias, cada uno diseñado para vengarse de aquellos que consideraba responsables de su caída. La puerta se abrió con un chirrido, revelando la figura de un hombre desconocido que entraba con paso decidido.
El desconocido se acercó a Alejandro con una sonrisa misteriosa, portando una carpeta entre sus manos. —Tengo buenas noticias par