La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas de la elegante sala de desayuno de la mansión Montenegro. La mesa estaba adornada con una variedad de platillos exquisitos: frutas frescas, panes recién horneados, y una selección de jugos.
Por primera vez en semanas, la familia Montenegro se reunía para desayunar junta. Sebastián, Ava, y sus hijos, Valentina y Bastián, se sentaban alrededor de la mesa, intentando disfrutar de un momento de paz en medio de la tormenta de problemas que ha