—No puedo imaginar lo difícil que debe ser para ti, Alexandre. Pero no estás solo. Estoy aquí contigo —dijo Valeria, susurrando contra su cuello.
Alexandre cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación de consuelo que Valeria le proporcionaba. Había algo en su abrazo, en la forma en que lo sostenía, que hacía que todo lo demás se desvaneciera momentáneamente.
Cuando Valeria se separó ligeramente para mirarlo a los ojos, Alexandre sintió una necesidad urgente e inexplicable. Había estado luc