Alexandre llegó a la casa Montenegro y se dirigió hacia el jardín, donde encontró a Ava regando algunas plantas. El sol del atardecer iluminaba el lugar, creando un ambiente tranquilo y acogedor. Ava, con su rostro sereno y concentrado en su tarea, no notó de inmediato la presencia de Alexandre.
—Buenas tardes, Ava —dijo Alexandre con una sonrisa, acercándose.
Ava levantó la mirada y sonrió al verlo.
—¡Alexandre! Qué sorpresa verte por aquí. ¿Cómo estás? —preguntó mientras dejaba de regar las p