La casa de la familia Montenegro y Huntington estaba llena de risas y conversaciones animadas mientras todos se reunían para la cena. La ocasión era especial: las mellizas, Valeria y Valentina, estaban a punto de iniciar la universidad.
Sebastián levantó su copa, sonriendo con orgullo a sus hijas.
—Estoy muy agradecido de que mis niñas se queden cerca de casa para la universidad —dijo con una sonrisa cálida—. A diferencia de Bastian, que ni siquiera nos visitó en vacaciones porque está terminan