Ava observaba desde lejos, con el corazón en la garganta, mientras Ammy salía de la casa. El rostro de Ammy estaba pálido, su mirada desenfocada por el miedo y la desesperación. En cuanto llegó al perímetro de seguridad, fue recibida por los policías.
—¡Necesitamos un médico! —gritó Ammy, su voz temblando—. Antony está muy grave, por favor, ¡llamen a un médico!
Ava, sintiendo un nudo en el estómago, corrió hacia Ammy.
—¿Dónde está Sebastián? —preguntó con urgencia, su voz cargada de angustia.
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