Ammy estaba en el suelo, con lágrimas en los ojos y la desesperación grabada en su rostro. Miraba a Antony, que yacía desmayado a su lado, inconsciente tras el brutal golpe que Alejandro le había propinado con un bate de madera. Sus labios temblaban al suplicar.
—Por favor, Alejandro, lleva a Antony al hospital o llama a un médico. No podemos dejarlo así, ¡puede morir! —su voz era un hilo quebrado, entre el miedo y la súplica.
Alejandro, sin embargo, permanecía imperturbable. Sostenía un arma e