—Esto no debería ser permitido… —Samara se giró hacia Pierre que estaba sentado delante de ella mirándola con ensoñación.
Le ofreció una sonrisa sincera, y luego volvió la mirada al espejo para ver cómo todo su vestido, se acoplaban a su cuerpo esbelto.
Sus ojos estaban nublados por la emoción.
Se sentía fuera de este mundo, en definitiva, mientras los nervios en su estómago estaban al límite porque solo quedaban dos días para la boda.
Su vestido blanco tenía muchas capas que se extendían a