—No quiero herir tus sentimientos… pero quiero que sea niño… —Samara suspiró encima del pecho de André, mientras él daba pequeñas caricias en su espalda desnuda.
Estaban en Bora Bora, polinesia francesa, una pequeña isla del Pacífico Sur, con un paisaje increíble, pero esto solo era un paso, porque luego de una semana, André sorprendería a Samara llevándola a Marsella, donde ella siempre soñó ir.
—Será lo que Alá quiera… él sabrá que necesitamos, y lo que se ajustará a nosotros… además… —ella