~Sienna~
—¡Ay, Dios mío! —chillona mi madre, abriendo la puerta de par en par.
Mis pies se detienen en la entrada de la cocina mientras espero a ver a qué viene tanto alboroto. Entonces, Elias entra con grandes bolsas de compras en las manos.
No debería estar aquí hasta dentro de unas dos horas, que es cuando la comida estará lista para servirse.
¿Por qué acepté dejar que viniera a pasar la Navidad otra vez?
Ah, sí, porque no tiene familia después del accidente que se cobró la vida de sus padre