~Sienna~
Aprieto el volante, con los nudillos blancos contra el cuero, mientras ajusto el espejo retrovisor. Por tercera vez en diez minutos, el sedán negro hace el mismo giro que yo, manteniendo una distancia constante y acechante de dos calles. Mi corazón no late con el mismo miedo paralizante de antes, en su lugar, arde con una ira fría y afilada.
Pulso el icono de Bluetooth en el tablero. No llega a sonar ni dos veces antes de que la voz de Norman llene el coche.
—¿Sienna? ¿Terminaste con l