A pesar de mi dolor, ordené un par de bebidas y unas bombitas (panes dulces, rellenos de crema) al chico que nos atendió.
— ¿Qué haces? ¿Cómo le vas a invitar golosinas a una chica que te golpeó con una puerta? ¿Te volviste loco?— chilló ella y yo sonreí, de seguro que como idiota.
—No todas las chicas que te golpean con una puerta son así de lindas. — susurré y ella se sonrojó, mucho.
De nuevo, me sentí desfallecer y, por suerte, el chico trajo las bebidas con rapidez.
Destapé mi botella de