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Ella se humedeció los labios con la fresca bebida y dio gracias por no tener las manos temblorosas. 

—No puedo abrirme a alguien que hasta el momento solo está causándome dolor –admitió Adaira a regañadientes –. Toda mi vida la he vivido a la defensiva y esta vez no será la excepción. ¿Qué si utilizas esto en mi contra? No pienses que este matrimonio va a funcionar, después de todo; tu amigo me

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