Capítulo 41. La miseria de Gabriel.
Gabriel Uzcátegui.
La casa estaba vacía, pero cada rincón de ella seguía impregnado de Emma. Desde el perfume que flotaba en el aire hasta las marcas desgastadas en el suelo de madera, fruto de sus pasos inquietos, todo parecía gritar su ausencia. Me dejé caer en el sofá, dejando que mi cabeza cayera hacia atrás. Mis ojos recorrían el techo blanco, pero mi mente estaba atrapada en un torbellino de recuerdos.
El silencio es ensordecedor, y aunque me había prometido no aferrarme, no podía evitarl