Atardecía cuando Débora abrió los ojos. Después de pasar la noche en vela en el hospital le dieron el alta y regresó al rancho, ya en su habitación, gracias a los analgésicos durmió casi todo el día. Reconoció su habitación de la casa. A veces aún temía despertarse en la sombría habitación que ocupaba en el Memfis, o peor aún embutida en el sucio y oscuro camión que las trasladó a Estados Unidos. Notó una desagradable sensación de sequedad en la boca y decidió buscar algo para beber. Lentame